Después de inflar como un globo a su tía accidentalmente, Harry escapa de su casa con la convicción de que va a ser expulsado del colegio por haber practicado magia siendo menor de edad. Sin embargo, pronto se sorprende de que, no sólo no le han expulsado, sino que todos se muestran muy condescendientes con él.
El motivo no tardará en descubrirlo: Sirius Black, un mago muy peligroso y supuesto aliado de lord Voldemort, ha conseguido fugarse de Azkaban y tiene como objetivo acabar con Harry.
Harry tendrá que afrontar ese hecho, al tiempo que tendrá que vérselas con los dementores, unos horribles seres desprovistos de alma que se encargan de vigilar la prisión mágica de Azkaban, pero que andan sueltos en busca del fugitivo.
Harry, obsesionado con atrapar al asesino fugado de Azkaban que además fue su padrino y quien entregó a sus padres a Voldemort, acabará descubriendo que realmente su padrino es de su bando y que él no es realmente culpable de los crímenes de los que se le acusan. Enfrentándose a todos los riesgos que ello supone, Harry ayudará a fugarse a su padrino con la esperanza de que algún día pueda vivir con él en lugar de con sus tíos.
Valoración: Al igual que las anteriores entregas, absorbente; pero quizá menos. La historia es menos emocionante y también menos sustancial. Se hecha de menos la acción de sus antecesoras.
Recomendación: Cualquier título de la misma saga, así como de otras del estilo de Las crónicas de Narnia, Memorias de Idhún, El valle de los lobos, etc.
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