martes, 12 de junio de 2012

El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde


DESDOBLANDO A UN SER HUMANO

El Dr. Jekyll, uno de los personajes más reconocidos de la literatura, refleja, sin duda alguna, una de las preocupaciones existenciales que, en mayor o menor medida, están presentes en cualquier ser humano: la lucha entre el bien y el mal, dos entidades tan polarizadas y, al mismo tiempo, tan necesitadas la una de la otra para poder existir.

R. L. Stevenson vivió en la segunda mitad del siglo XIX. Su infancia se vio marcada por la enfermedad y su vida por las estrictas imposiciones morales y sociales que le inculcaron sus padres, algo que está muy presente en El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Stevenson elige a un abogado, curiosamente la profesión que él mismo hubiera podido ejercer puesto que estudió derecho, como protagonista de esta historia, a través del cual conocemos la historia del Dr. Jekyll. Utterson, amigo del Dr. Jekyll y a quien este le encomienda que se encargue de su testamento, comienza a preocuparse por el doctor al descubrir que a la persona a la que Jekyll quiere dejar su legado, alguien llamado Edward Hyde, le precede una dudosa reputación.

Stevenson relata los acontecimientos de una forma breve y concisa, mientras que se detiene en la descripción de ambientes. La brevedad de su obra no se produce tanto por la extensión de la misma como por la amenidad de su lectura, y, aunque corta, no por ello se queda coja. El lector, una vez concluye la lectura del relato, no tiene ninguna duda con respecto a los hechos y, lo más importante, con respecto al porqué de los mismos. Todo el mundo tiene muy claro que el desdoblamiento de personalidad del Dr. Jekyll en su homólogo Mr. Hyde se produce por el deseo de este hombre de separar dos condiciones inherentes en el ser humano: el bien y el mal, para así poder obrar con libertad y que su lado bueno no se deje condicionar por el malo y viceversa. Pero el verdadero motivo por el que siente la imperiosa necesidad de hacer esto no es otro que el de poder ser libre de llevar a cabo sus deseos sin que el resto de la sociedad le juzgue por no guardar el decoro y ofrecer una conducta honorable. La posibilidad de alcanzar su plenitud solo puede conseguirla a través de las características de Hyde, lo que a su vez conlleva dejar de lado las buenas virtudes de Jekyll.

El relato de Stevenson nos presenta a un hombre tremendamente humano atormentado por un conflicto interior en el que todos nos hemos encontrado alguna vez: ¿hacer lo qué es correcto, aunque no nos guste, o aquello que nos agrade, aunque no sea bueno? La diferencia, por supuesto, es que Stevenson lleva el conflicto hasta sus máximas consecuencias al conducir al personaje a un punto de no retorno en el que, cuando la parte negativa es la que rige el cuerpo, anula completamente los razonamientos de la positiva; cosa que no sucede a la inversa. Que esto sea así también tiene un sentido moralizante, pues el autor, en cierto modo, nos invita a ignorar nuestro lado malo dejarnos llevar por el bueno, que, aunque a veces más tedioso, también es más fructífero y reconfortante a largo plazo.

Una de las características más destacables de la novela reside en la forma de narrar del autor. A través de un narrador omnisciente ajeno a los personajes, Stevenson nos relata una historia de juicios morales, pero sin embargo no juzga. Deja que nosotros, como lectores, conozcamos unos determinados hechos, incluso lo que piensan los demás personajes que rodean al doctor Jekyll… pero en ningún momento, como narrador, se pronuncia al respecto haciendo juicios de valor. De hecho, una de las cosas más curiosas, a mi juicio, es el final: a lo largo de todo el relato vamos viendo las reacciones y lo que piensan los demás personajes al respecto, sin embargo, justo cuando se desvela la verdad, Stevenson decide no sólo que el narrador de la historia no juzgue los hechos (como sucede desde el principio) sino que tampoco conozcamos el juicio que se hace Utterson con respecto a lo que acaba de averiguar. Es por ello un final doblemente fuerte, puesto que, si anteriormente el juicio del lector con respecto a Jekyll podía verse alterado, ya no por el narrador sino por las valoraciones del resto de personajes, en este momento tan clave de la historia el lector se queda completamente solo para decidir, y lo único que cuenta ya es su opinión, no la de Utterson ni la de ningún otro sujeto de la obra.

La importancia de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde y el hecho de que se haya convertido en un clásico de culto se deben principalmente a la vigencia de su obra, puesto que la dualidad humana es un interrogante que ha existido y existirá siempre en todo ser humano. La relevancia y la acogida de su obra se ve claramente reflejada en las numerosas adaptaciones que han hecho de ella tanto para el cine como para el teatro.

Francamente, es una lástima que Stevenson falleciera a la temprana edad de cuarenta y cuatro años, pues si en el tiempo que vivió pudo escribir obras tan importantes como esta, El señor de Ballantrae, El muerto vivo, o su obra cumbre La isla del tesoro, ¿qué no podría haber escrito de haber vivido más años?

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