martes, 12 de junio de 2012

"Las uvas de la ira", de John Steinbeck


UNAS UVAS MUY INDIGESTAS

Las uvas de la ira, merecedora del premio Pulitzer en el año 1940, quizá sea la mejor obra escrita por John Steinbeck, además de la más conocida.
Escrita en 1939, teniendo como marco cronológico la época posterior a la gran depresión de 1929, se trata sin duda de una obra polémica, al menos si tenemos en consideración su contenido con respecto a la época en que se escribió. John Steinbeck retrata magistralmente y en toda su crudeza el proceso por el cual una gran parte de los pequeños agricultores se ve obligada a emigrar a California en busca de mejores condiciones de vida al ser expulsados de sus propiedades, y, a través de la familia Joad, cuyos miembros protagonizan la historia, nos presenta la lucha de clases y la defensa de la justicia y la dignidad humana en un ambiente corrompido donde no hay lugar para los más débiles; en este caso, los más necesitados económicamente, quienes se ven obligados a rebajar su dignidad hasta el grado máximo de deshumanización.
John Steinbeck consigue que el lector empatice con los personajes desde la primera página del libro y que sienta las injusticias que ellos padecen como si fuesen propias. El mismo título del libro hace honor a su contenido, pues a medida que avanza la trama es difícil no experimentar una sensación de ira creciente y de indignación que va madurando como las uvas.
Todos los personajes de la novela están perfectamente definidos, además de ser profundamente humanos, pues en ellos están presentes muchas de las contradicciones que nosotros mismos experimentamos en el día a día y que, como sucede en Las uvas de la ira, muchas veces se producen por el conflicto que se genera entre nuestras metas y nuestros miedos. Dentro de esta historia, los abuelos representan una generación demasiado debilitada como para soportar el desarraigo; el tío es un hombre carente de ilusiones pero que sigue adelante porque cree que de este modo, ayudando a los suyos, podrá resarcirse de sus pecados. El padre, la madre y Tom son los grandes luchadores de esta historia, quienes tratan por todos los medios de sacar a la familia adelante; pero, de todos ellos, a mi juicio, el personaje más modélico y del cual se podrían aprender unas cuantas lecciones es el de la madre. Así, nos encontramos ante un personaje cuya mayor preocupación es la unidad familiar y el bienestar de todos sus miembros, que realiza tremendos sacrificios para sacar adelante a los suyos y al que, pese a todo, aún le quedan fuerzas y generosidad para intentar ayudar a otros en condiciones similares. El mayor de los hermanos, por su parte, es un personaje que acepta las cosas según vienen, adaptable y con pocos objetivos. Al, el mediano, aunque quizá también por su edad, es quizá el personaje más egoísta de la familia; Rosasharn la más vulnerable e ingenua y los niños, por último, son los representantes de un futuro incierto y de una generación obligada a madurar antes de tiempo.
Una de las peculiaridades que presenta la obra de Steinbeck es que alterna a lo largo del libro algunos capítulos bien descriptivos a nivel paisajístico (haciendo gala de un increíble don a la hora de describir), o bien descriptivos a nivel social, pero a través de opiniones, fragmentos de conversaciones, pensamientos, etc. ajenos a los Joad.

Bajo mi punto de vista, Las uvas de la ira es un clásico imprescindible de la literatura que no deja indiferente a nadie. Es una llamada desgarradora a la justicia, un libro que te remueve por dentro, te hacer ver, sentir y, sobre todo, reflexionar sobre el ser humano y sobre la lucha de clases, algo acerca de lo cual muchos siguen pensando en pasado cuando, desgraciadamente, es un hecho aún vigente (es casi imposible en estos tiempos que corren de crisis no encontrar una tremenda similitud entre el pasado y el presente).

Lo más destacable de la novela: su final, de los más impactantes que he leído hasta la fecha y que, sin duda alguna, da mucho que pensar.




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