martes, 12 de junio de 2012

"La catedral del mar", de Ildefonso Falcones


UNA CATEDRAL SIN IGUAL

Publicada en 2006, La Catedral del mar muy pronto pasó a convertirse en uno de los mayores éxitos de ventas del año; algo que su autor Ildefonso Falcones, un abogado español especializado en Derecho Civil, probablemente ni se imaginaba, tratándose como se trataba de su primera novela.
Cuatro años tardó esta novela en ver la luz y, como habitualmente se dice, cada uno cosecha lo que siembra. Ese esfuerzo y ese tiempo dedicados por Falcones a desarrollar un proyecto tan complejo como puede ser una novela histórica del calibre de La catedral del mar, cuyas características recuerdan a la aclamada Los pilares de la Tierra (Ken Follette) o a El médico (Noah Gordon), quedan patentes desde su primera página.
La catedral del mar cumple todos los requisitos para ser considerada como una obra épica, donde su héroe se ve obligado a superar todo tipo de vicisitudes para conseguir su ansiada libertad a través de una complicada trama de amores y desamores, de pasiones y traiciones, y de personajes tan adorables, tan odiosos o tan contradictorios como hay en la vida misma.
Ambientada en el siglo XIV en la ciudad de Barcelona, la trama gira principalmente en torno a la vida de Arnau Estanyol, un payés cuya vida se ve marcada por la pérdida, la lucha contra la pobreza y, sobre todo, por la búsqueda de la libertad.
Un punto muy fuerte de esta novela lo encontramos en el personaje de Arnau, todo un ejemplo del esfuerzo y la superación personal, así como de los sacrificios que esta última conlleva. Se trata ante todo de un hombre justo, honesto, con unos objetivos muy claros y una moral muy recta. Estas características, que en principio podríamos considerar merecedoras de admiración, acaban sin embargo convirtiéndole en el blanco del odio de quienes envidian la admiración de que disfruta por parte de quienes le rodean, así como la posición que alcanza gracias a su dedicación (de campesino a bastaix, de bastaix a cambista y de cambista a cónsul de la mar). Es un personaje con el que resulta fácil empatizar, puesto que su vida está plagada de desgracias e injusticias, algo de lo que todo el mundo, en mayor o menor medida, se ha visto afectado. Pero no todo en su entorno son seres envidiosos, puesto que un héroe sin ayudantes no sería un héroe. Personajes como el entrañable y leal Hasdai (el esclavo moro que le ayudará a hacer fortuna), Francesca (la madre que lucha por un hijo que nunca conocerá su identidad) y Aledis (su primer amor) lo ayudarán en la consecución de su libertad; polarizando con seres tan odiosos y desagradables como los Puig, Elinor o el desagradable inquisidor, personajes correspondientes a la nobleza, por un lado, y a la Iglesia, por otro, dejando constancia de la clásica división en estamentos durante la Edad Media y de la lucha de clases.
Otro personaje digno de mencionar es el de Joan, a quien Arnau acepta como a un hermano legítimo pese a su inexistente parentesco sanguíneo, pues sufre con los años una transformación sorprendente y radical que hace que el lector experimente sentimientos de simpatía y de protección primero, para que más tarde estos se tornen en confusión e indignación.
Respecto al contexto histórico en que se desarrolla la trama, cabe decir que está muy bien documentada, la historia está construida de manera creíble y con datos cuya veracidad se puede demostrar; sin embargo, en cuanto al argumento, aunque es bueno, tiene algunos momentos flojos en que la falta de acción suficiente genera que el ritmo decaiga, y no porque falten escenas, sino más bien porque algunas se exceden en longitud a lo que precisa la historia. Pese a ello, este no es un factor que afecte decisivamente a la calidad de la obra, puesto que no es algo que se produzca de manera continua ni mucho menos.
En definitiva, La catedral del mar es una conmovedora historia de esfuerzo y superación personal, recomendable no sólo para los amantes de la novela histórica, puesto que su trama resulta más absorbente por lo que es la historia en sí que por su contexto, y con un protagonista dispuesto a conseguir por todos los medios que nos identifiquemos con él y lo recordemos.
La mano de Fátima, su segunda novela y también éxito de ventas, no hacen sino confirmar el hecho de que Ildefonso Falcones está llamado a convertirse en uno de los grandes de la novela histórica dentro del panorama español.

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