jueves, 20 de septiembre de 2012

"Defender a Jacob", de William Landay


“LA INOCENCIA DE LOS HIJOS”

William Landay, autor de “La puerta roja” y “El estrangulador”, regresa una vez más con su tercera novela, “Defender a Jacob”, un legal thriller en el que hace gala de sus amplios conocimientos en el campo jurídico; de hecho, durante muchos años desempeñó el puesto de fiscal de distrito.

El día en que un adolescente muere tras haber recibido tres puñaladas, Andy, fiscal del distrito, es puesto al cargo de la investigación. La ausencia de pruebas y de testigos del crimen parecen indicar que este nunca será resuelto; sin embargo, una sangrienta huella dactilar descubierta en la pechera de la sudadera del joven y que se corresponde con la de Jacob (el hijo del fiscal), así como los rumores que circulan en la red acerca del mismo, parecen señalar a este como el autor de la matanza.

Landay relata la historia en primera persona principalmente, a través de la voz de un padre desesperado por demostrar que su hijo no tiene nada que ver con el caso que investiga, planteando al lector una cuestión fundamental: ¿Hasta qué punto un padre conoce o cree conocer a sus hijos? ¿Cómo reaccionarías si a tu hijo adolescente lo acusaran de asesinato? Estas dos preguntas, que difícilmente se plantearía nunca un padre, son las que conducen el relato y nos atrapan en una espiral degenerativa en la que la sombra de la duda termina por minar la confianza dentro de la propia familia: Andy, fiel a su hijo a pesar de las señales cada vez más evidentes de la culpabilidad de este, es testigo de la precipitada decadencia de su esposa, a la que la duda parece ir corrompiendo por dentro a marchas forzadas hasta conducirla a un apoteósico final. Pero, por si fuera poco con esto, Landay introduce otro elemento de peso en la historia: Andy lleva ocultando un terrible pasado familiar que arrastra como un lastre y que le señala a él y a su hijo como criminales potenciales. La cuestión es: ¿Estamos las personas determinadas genéticamente para actuar de una forma concreta? ¿Existen genes asesinos cuya herencia nos condenarán a la violencia y al crimen?

El autor nos muestra en su novela el estigma que supone para una familia una acusación del calibre de la expuesta en la historia, pues, al margen de la veracidad o no de la acusación, todas esas personas que antes se hacían llamar amigos van distanciándose poco a poco de ti, incluso aunque el acusado sea tu hijo y no tú. ¿Hasta qué punto un padre es responsable de los actos de sus hijos? ¿Se debe estigmatizar a un padre por el comportamiento de su hijo, aún a pesar de haberse esforzado todo lo posible por guiarlo por la senda de la corrección?

Avanzando a través de una interesante trama plagada de interrogantes y de intriga, Landay también nos invita a reflexionar acerca de los problemas y peligros que entraña una sociedad como la actual, con tantísima información masificada a través de las redes de internet, y donde nuestra privacidad se ve continuamente amenazada por instrumentos tan de doble cara como las redes sociales, capaces de generar la ilusión de un acercamiento entre las personas (que, en el fondo es falso), pero también de destapar nuestros trapos sucios.

Pero, sobre todo, lo más destacable de la novela es el amor paternal, un amor leal que persiste incluso en los momentos más críticos, el amor de un padre entregado a su hijo aún a pesar de que pueda ser un monstruo, pues, al final de todo, un hijo es un hijo, y ¿qué padre no daría su brazo derecho por defender a su retoño?

En coclusión, la novela de Landay nos hace cuestionarnos continuamente, desde el intrigante inicio hasta el sorprendente final, nuestros propios valores y nuestra propia visión de la realidad a través de una historia que fluye con un ritmo trepidante y cuyo estilo no tiene nada que envidiar al de autores tan renombrados como John Grisham.






domingo, 15 de julio de 2012

"Los justos", de Albert Camus

“RELATIVIZANDO LA JUSTICIA”

Representada por primera vez el 15 de diciembre de 1949 en París, “Los justos” es una obra teatral escrita por Albert Camus, autor y filósofo francés galardonado con el Premio Nobel y también conocido por obras como “El extranjero”, “La muerte feliz” o “El mito de Sísifo”.

En su obra “Los justos”, Camus contrapone dos actitudes diferentes dentro del terrorismo, y para ello escoge como contexto la revolución rusa de 1905 y un grupo de revolucionarios dispuestos a acabar con la tiranía del zar. Boris, el líder, es quien planifica un atentado terrorista que tiene como objetivo acabar con la vida del Gran Duque. Dora, su hermana, quien diseña la bomba. El encargado de hacer que esta estalle es Kaliayev, un joven entusiasta dispuesto a demostrar que es capaz de cualquier cosa por que triunfe la revolución. Alexis se nos presenta como la persona que deba hacer estallar la bomba en caso de que Kaliayev falle, y Stepan, un ex-presidiario, como un hombre de convicciones radicales profundas y cuya única justificación se basa en que el fin justifica los medios.

Dentro de los personajes destacan especialmente dos: Stepan y Kaliayev, pues, aunque ambos comparten el sueño de una Rusia mejor, Stepan es defensor de la ideas: “Nada de lo que pueda servir a nuestra causa está prohibido” y “Yo no amo la vida, sino la justicia, que está por encima de la vida”. Kaliayev, por el contrario, ama la vida: “Amo la belleza y la felicidad. Por eso es por lo que odio el despotismo. ¿Cómo explicarles esto? ¡La revolución, claro! Pero la revolución por la vida, para dar una posibilidad a la vida, ¿comprendes?”

La obra entera parece ser una justificación al terrorismo, pero, dentro de ambas posturas, destaca la idea de la revolución por la vida, de tal forma que el fin no justifica los medios. Así, cuando Kaliayev se dispone a hacer estallar la primera bomba, es incapaz de hacerlo, puesto que hay niños inocentes en escena y no considera que la justicia se alcance con el derramamiento de sangre inocente, cosa que Stepan le recrimina puesto que opina lo contrario. Y digo que Camus parece defender más dicho tipo de terrorismo puesto que ninguno de los otros personajes apoya la postura de Stepan, sino la de Kaliayev, que es la que finalmente “triunfa” en la obra: la del personaje que hace un mal en busca de un bien mayor, pero sin negar luego su culpa.

En pleno siglo XXI, donde el terrorismo se ha radicalizado y se evalúa con otros ojos, la idea de que alguien pueda defenderlo es algo que, francamente, nos aterroriza. Sin embargo, si juzgamos el período en que vivió el autor, quien creció y se desarrolló entre guerras, en medio de un entorno sembrado de dictaduras, falta de libertades y opresión, quizá podamos comprender un poco mejor las ideas que presenta Camus, al menos si somos abiertos de mente o hacemos un esfuerzo por serlo. De hecho, es muy fácil comprender el punto de vista de Kaliayev una vez nos metemos en su espiral y en el contexto que vive, pues los argumentos que emplea son hábilmente persuasivos. También se puede llegar a comprender el punto de vista de Stepan, aunque leyendo la obra, en mi opinión, es más difícil que el lector empatice con el pensamiento radical de dicho personaje, puesto que sus argumentos son más brutales y menos elaborados, así como discutidos por el resto de personajes. Pese a todo, como se puede ver en la obra, el concepto de justicia varía en cada uno de los protagonistas, pudiendo concluir por nuestra propia cuenta que, como cualquier otro concepto abstracto, es muy relativo.

Camus nos presenta a unos personajes que luchan por la justicia, cada uno adoptando una postura diferente, pero, a fin de cuentas, haciéndolo de la mejor (o quizá de la única) forma que saben. “Los justos” es una obra, sin duda, escrita para reflexionar, no sólo para pasar un mejor o peor rato. Es una obra para leer, evaluar, analizar y contrastar: contrastar con las ideas que presenta, contrastar con nuestras propias ideas, con las de personas a las que conocemos… Y, sobre todo, se trata de una obra hecha para argumentar, puesto que sin argumentos, cualquiera de las ideas que nos presenta, carece de total validez.

En definitiva, la obra de Camus merece la pena ser vista o leída, y no hace falta que compartamos sus mismos puntos de vista para poder disfrutarla; simplemente hace falta una buena disposición, tener la mente abierta y ganas de comprender.



martes, 10 de julio de 2012

"Corazón blanco, corazón negro", de Jonathan Odell

“Corazón blanco, corazón negro” es una novela de Jonathan Odell publicada en 2012. Ambientada en Mississippi (lugar del que es originario el autor) en 1847, retrata con fidelidad la realidad social del sur de Estados Unidos durante el siglo XIX, una realidad dominada por la esclavitud y la discriminación racial. 

Granada, una recién nacida de color, es arrebatada de los brazos de su madre al poco de nacer para ser entregada a la señora Amanda, la esposa del “amo”, quien acaba de perder a una hija. Criada en un lugar que no le corresponde, Granada se aleja de sus orígenes hasta llegar a despreciarlos y a olvidar quién es realmente hasta la llegada de Polly, una anciana curandera cuyo objetivo no sólo es curar a los esclavos enfermos, sino también eliminarles la “ceguera” que les impide ver lo injusto de su condición. Polly instruirá a Granada y, al mismo tiempo, la ayudará a regresar a sus orígenes y descubrir las cosas que realmente importan. 

Jonathan Odell defiende el valor de la libertad y la define como la capacidad de decir sí o no ante cualquier situación que se nos plantee, algo que para quienes jamás han tenido dicha oportunidad ,no es ni siquiera posible imaginar. Así mismo, su novela es una crítica a la discriminación racial y al etnocentrismo propio del hombre blanco, quien a lo largo de la historia siempre se ha considerado por encima del resto de razas, en este caso concreto, de la raza negra. Sus argumentos, perfectamente expuestos y defendidos a través de la anciana Polly, resultan difíciles de rebatir incluso para la joven Granada, quien no puede imaginar una vida diferente a la que siempre ha vivido, donde sea capaz de elegir por sí misma y, al mismo tiempo, sintiéndose verdadera parte de un sitio. Odell, en una novela que podría ser perfectamente comparable a la de “Criadas y señoras” o “Con el corazón en la mano” consigue adentrarse en la conciencia del lector y hacerle reflexionar sobre cuestiones como estas, tan trascendentales y, al mismo tiempo, tan ignoradas no sólo en el pasado, sino también actualmente. 

Otro de los aspectos destacables de la novela es la construcción psicológica de los personajes, y es aquí donde Odell pone de manifiesto su reputación como psicólogo, pues son los personajes los que cautivan al lector. Por una parte tenemos a Granada, una niña egoísta e insolente, que reniega de sus orígenes y prioriza el materialismo a la capacidad de elegir; por otro lado, en contraste con la pequeña, tenemos a Polly, una cascarrabias en apariencia, pero idealista por dentro, altruista y cuya máxima fundamental es la libertad de cualquier ser humano, sea cual sea su origen. Es precisamente el choque de los ideales de la experimentada Polly con los de la inocente Granada los que hacen que la novela avance y se produzca una fuerte evolución en el personaje de Granada, quien acabará dándose cuenta de que la persona a la que peor ha tratado en su vida es la única que realmente la ha querido y la ha visto tal y como es y quien la salvará de una vida destinada a la condena. 

Uno de los mensajes más importantes que contiene el libro, sin duda, es que no debemos olvidar nuestros orígenes, ni tampoco avergonzarnos ni renegar de estos, pues ignorarlos supone no saber quiénes somos y perder nuestra identidad. En una ágil lectura que va alternando el pasado y el presente de la protagonista, Odell nos demuestra cómo la vida, a pesar de sus infortunios, puede acabar sonriéndonos aún en el último momento, todo depende de nuestras decisiones y del uso que le demos a nuestra libertad. 

En definitiva, al margen del mucho o poco éxito que haya tenido en ventas, se trata de una novela que merece la pena ser leída, tanto por lo interesante de su contenido como por los personajes que la habitan.

domingo, 17 de junio de 2012

"La sombra del viento", de Carlos Ruíz Zafón


“Y A SOLAS SE QUEDÓ LA SOLEDAD CON SU SOLEDAD”


Dos palabras me vienen a la cabeza cuando pienso en “La sombra del viento”: soledad y redención.

Cuando el barcelonés Carlos Ruíz Zafón se aventuró en esta novela, probablemente no imaginaría que llegaría al corazón de más de diez millones de personas en todo el mundo, ni tampoco que su obra fuera a ser traducida a treinta y seis idiomas diferentes. Pese a haber escrito anteriormente obras del calibre de “El príncipe de la niebla”, “El palacio de medianoche”, “Las luces de septiembre” y “Marina”, no alcanzó verdadero reconocimiento hasta la publicación de “La sombra del viento”, obra que ha llegado a ser considerada como una de las mejores cien novelas escritas en lengua castellana en los últimos veinticinco años.

Empleando la Barcelona de la posguerra como escenario, Zafón nos introduce en la vida de Daniel Sempere, un joven huérfano de madre que vive con su padre, un hombre al que la vida no le ha tratado todo lo bien que podría, y que ostenta una modesta librería. Todo empieza el día en que Daniel, gracias a su progenitor, conoce el Cementerio de los Libros Olvidados, un misterioso lugar donde se conservan miles de libros que la humanidad ha decidido condenar al olvido. Ahí será donde Daniel descubra La sombra del viento, un libro al que alguien desea eliminar desesperadamente, y, con ello, el último recuerdo de que alguna vez existió un hombre llamado Julián Caráx, el autor de dicha obra. Sin embargo, por más que alguien se empeñe en condenar al olvido a Caráx, el joven Daniel no está dispuesto a que esto sea así y comienza a investigar en torno a la vida del hombre al que tanto admira.

Con un uso magistral de la prosa, muy difícil de encontrar hoy en día, Zafón nos sumerge en una historia cargada de intriga, suspense y amor, todo ello aderezado con un toque gótico muy sugerente y unos personajes cuyas vidas se han visto atrapadas por la soledad, una losa que parece aplastar a todos y cada uno de los personajes de esta magnífica historia, y que también vemos presente incluso en el propio ambiente: escenarios oscuros, solitarios, opresivos, lluviosos… muy acordes al estado anímico de los personajes.

Sin embargo, más allá de la soledad, “La sombra del viento” es una historia de redención: la de un personaje, Julián Caráx, que, viéndose reflejado a sí mismo en el joven Daniel, trata de hacer lo posible por evitar que este caiga en sus mismos errores y se condene a una vida maldita.

“La sombra del viento”, es, en definitiva, una novela que lo tiene todo: una historia adictiva, con personajes carismáticos (¿cómo olvidar a un individuo como Fermín, tan entrañable que incluso se ha acabado convirtiendo en el protagonista de la última novela de Zafón, “El prisionero del cielo”? ¿O a Julián Caráx, el hombre cuyo rostro parece una máscara de cuero?), una acertada mezcla de géneros y un contexto histórico que juega muy a favor de la novela.

El éxito de “El juego del ángel” y  de “El prisionero del cielo”, las dos últimas novelas escritas por Zafón y que continúan “La sombra del viento” conformando una tetralogía todavía inconclusa, no hacen sino reafirmar la enorme acogida que ha tenido el autor por parte del público.

Yo, por mi parte, seguiré esperando con ansiedad sus futuras novelas, aunque también espero que, poco a poco, se vaya desligando de la temática y del ambiente de “La sombra del viento”, lo único que hace de sus restantes novelas que resulten algo previsibles, aunque no por ello menos valiosas.

martes, 12 de junio de 2012

"La catedral del mar", de Ildefonso Falcones


UNA CATEDRAL SIN IGUAL

Publicada en 2006, La Catedral del mar muy pronto pasó a convertirse en uno de los mayores éxitos de ventas del año; algo que su autor Ildefonso Falcones, un abogado español especializado en Derecho Civil, probablemente ni se imaginaba, tratándose como se trataba de su primera novela.
Cuatro años tardó esta novela en ver la luz y, como habitualmente se dice, cada uno cosecha lo que siembra. Ese esfuerzo y ese tiempo dedicados por Falcones a desarrollar un proyecto tan complejo como puede ser una novela histórica del calibre de La catedral del mar, cuyas características recuerdan a la aclamada Los pilares de la Tierra (Ken Follette) o a El médico (Noah Gordon), quedan patentes desde su primera página.
La catedral del mar cumple todos los requisitos para ser considerada como una obra épica, donde su héroe se ve obligado a superar todo tipo de vicisitudes para conseguir su ansiada libertad a través de una complicada trama de amores y desamores, de pasiones y traiciones, y de personajes tan adorables, tan odiosos o tan contradictorios como hay en la vida misma.
Ambientada en el siglo XIV en la ciudad de Barcelona, la trama gira principalmente en torno a la vida de Arnau Estanyol, un payés cuya vida se ve marcada por la pérdida, la lucha contra la pobreza y, sobre todo, por la búsqueda de la libertad.
Un punto muy fuerte de esta novela lo encontramos en el personaje de Arnau, todo un ejemplo del esfuerzo y la superación personal, así como de los sacrificios que esta última conlleva. Se trata ante todo de un hombre justo, honesto, con unos objetivos muy claros y una moral muy recta. Estas características, que en principio podríamos considerar merecedoras de admiración, acaban sin embargo convirtiéndole en el blanco del odio de quienes envidian la admiración de que disfruta por parte de quienes le rodean, así como la posición que alcanza gracias a su dedicación (de campesino a bastaix, de bastaix a cambista y de cambista a cónsul de la mar). Es un personaje con el que resulta fácil empatizar, puesto que su vida está plagada de desgracias e injusticias, algo de lo que todo el mundo, en mayor o menor medida, se ha visto afectado. Pero no todo en su entorno son seres envidiosos, puesto que un héroe sin ayudantes no sería un héroe. Personajes como el entrañable y leal Hasdai (el esclavo moro que le ayudará a hacer fortuna), Francesca (la madre que lucha por un hijo que nunca conocerá su identidad) y Aledis (su primer amor) lo ayudarán en la consecución de su libertad; polarizando con seres tan odiosos y desagradables como los Puig, Elinor o el desagradable inquisidor, personajes correspondientes a la nobleza, por un lado, y a la Iglesia, por otro, dejando constancia de la clásica división en estamentos durante la Edad Media y de la lucha de clases.
Otro personaje digno de mencionar es el de Joan, a quien Arnau acepta como a un hermano legítimo pese a su inexistente parentesco sanguíneo, pues sufre con los años una transformación sorprendente y radical que hace que el lector experimente sentimientos de simpatía y de protección primero, para que más tarde estos se tornen en confusión e indignación.
Respecto al contexto histórico en que se desarrolla la trama, cabe decir que está muy bien documentada, la historia está construida de manera creíble y con datos cuya veracidad se puede demostrar; sin embargo, en cuanto al argumento, aunque es bueno, tiene algunos momentos flojos en que la falta de acción suficiente genera que el ritmo decaiga, y no porque falten escenas, sino más bien porque algunas se exceden en longitud a lo que precisa la historia. Pese a ello, este no es un factor que afecte decisivamente a la calidad de la obra, puesto que no es algo que se produzca de manera continua ni mucho menos.
En definitiva, La catedral del mar es una conmovedora historia de esfuerzo y superación personal, recomendable no sólo para los amantes de la novela histórica, puesto que su trama resulta más absorbente por lo que es la historia en sí que por su contexto, y con un protagonista dispuesto a conseguir por todos los medios que nos identifiquemos con él y lo recordemos.
La mano de Fátima, su segunda novela y también éxito de ventas, no hacen sino confirmar el hecho de que Ildefonso Falcones está llamado a convertirse en uno de los grandes de la novela histórica dentro del panorama español.

"Las uvas de la ira", de John Steinbeck


UNAS UVAS MUY INDIGESTAS

Las uvas de la ira, merecedora del premio Pulitzer en el año 1940, quizá sea la mejor obra escrita por John Steinbeck, además de la más conocida.
Escrita en 1939, teniendo como marco cronológico la época posterior a la gran depresión de 1929, se trata sin duda de una obra polémica, al menos si tenemos en consideración su contenido con respecto a la época en que se escribió. John Steinbeck retrata magistralmente y en toda su crudeza el proceso por el cual una gran parte de los pequeños agricultores se ve obligada a emigrar a California en busca de mejores condiciones de vida al ser expulsados de sus propiedades, y, a través de la familia Joad, cuyos miembros protagonizan la historia, nos presenta la lucha de clases y la defensa de la justicia y la dignidad humana en un ambiente corrompido donde no hay lugar para los más débiles; en este caso, los más necesitados económicamente, quienes se ven obligados a rebajar su dignidad hasta el grado máximo de deshumanización.
John Steinbeck consigue que el lector empatice con los personajes desde la primera página del libro y que sienta las injusticias que ellos padecen como si fuesen propias. El mismo título del libro hace honor a su contenido, pues a medida que avanza la trama es difícil no experimentar una sensación de ira creciente y de indignación que va madurando como las uvas.
Todos los personajes de la novela están perfectamente definidos, además de ser profundamente humanos, pues en ellos están presentes muchas de las contradicciones que nosotros mismos experimentamos en el día a día y que, como sucede en Las uvas de la ira, muchas veces se producen por el conflicto que se genera entre nuestras metas y nuestros miedos. Dentro de esta historia, los abuelos representan una generación demasiado debilitada como para soportar el desarraigo; el tío es un hombre carente de ilusiones pero que sigue adelante porque cree que de este modo, ayudando a los suyos, podrá resarcirse de sus pecados. El padre, la madre y Tom son los grandes luchadores de esta historia, quienes tratan por todos los medios de sacar a la familia adelante; pero, de todos ellos, a mi juicio, el personaje más modélico y del cual se podrían aprender unas cuantas lecciones es el de la madre. Así, nos encontramos ante un personaje cuya mayor preocupación es la unidad familiar y el bienestar de todos sus miembros, que realiza tremendos sacrificios para sacar adelante a los suyos y al que, pese a todo, aún le quedan fuerzas y generosidad para intentar ayudar a otros en condiciones similares. El mayor de los hermanos, por su parte, es un personaje que acepta las cosas según vienen, adaptable y con pocos objetivos. Al, el mediano, aunque quizá también por su edad, es quizá el personaje más egoísta de la familia; Rosasharn la más vulnerable e ingenua y los niños, por último, son los representantes de un futuro incierto y de una generación obligada a madurar antes de tiempo.
Una de las peculiaridades que presenta la obra de Steinbeck es que alterna a lo largo del libro algunos capítulos bien descriptivos a nivel paisajístico (haciendo gala de un increíble don a la hora de describir), o bien descriptivos a nivel social, pero a través de opiniones, fragmentos de conversaciones, pensamientos, etc. ajenos a los Joad.

Bajo mi punto de vista, Las uvas de la ira es un clásico imprescindible de la literatura que no deja indiferente a nadie. Es una llamada desgarradora a la justicia, un libro que te remueve por dentro, te hacer ver, sentir y, sobre todo, reflexionar sobre el ser humano y sobre la lucha de clases, algo acerca de lo cual muchos siguen pensando en pasado cuando, desgraciadamente, es un hecho aún vigente (es casi imposible en estos tiempos que corren de crisis no encontrar una tremenda similitud entre el pasado y el presente).

Lo más destacable de la novela: su final, de los más impactantes que he leído hasta la fecha y que, sin duda alguna, da mucho que pensar.




El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde


DESDOBLANDO A UN SER HUMANO

El Dr. Jekyll, uno de los personajes más reconocidos de la literatura, refleja, sin duda alguna, una de las preocupaciones existenciales que, en mayor o menor medida, están presentes en cualquier ser humano: la lucha entre el bien y el mal, dos entidades tan polarizadas y, al mismo tiempo, tan necesitadas la una de la otra para poder existir.

R. L. Stevenson vivió en la segunda mitad del siglo XIX. Su infancia se vio marcada por la enfermedad y su vida por las estrictas imposiciones morales y sociales que le inculcaron sus padres, algo que está muy presente en El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Stevenson elige a un abogado, curiosamente la profesión que él mismo hubiera podido ejercer puesto que estudió derecho, como protagonista de esta historia, a través del cual conocemos la historia del Dr. Jekyll. Utterson, amigo del Dr. Jekyll y a quien este le encomienda que se encargue de su testamento, comienza a preocuparse por el doctor al descubrir que a la persona a la que Jekyll quiere dejar su legado, alguien llamado Edward Hyde, le precede una dudosa reputación.

Stevenson relata los acontecimientos de una forma breve y concisa, mientras que se detiene en la descripción de ambientes. La brevedad de su obra no se produce tanto por la extensión de la misma como por la amenidad de su lectura, y, aunque corta, no por ello se queda coja. El lector, una vez concluye la lectura del relato, no tiene ninguna duda con respecto a los hechos y, lo más importante, con respecto al porqué de los mismos. Todo el mundo tiene muy claro que el desdoblamiento de personalidad del Dr. Jekyll en su homólogo Mr. Hyde se produce por el deseo de este hombre de separar dos condiciones inherentes en el ser humano: el bien y el mal, para así poder obrar con libertad y que su lado bueno no se deje condicionar por el malo y viceversa. Pero el verdadero motivo por el que siente la imperiosa necesidad de hacer esto no es otro que el de poder ser libre de llevar a cabo sus deseos sin que el resto de la sociedad le juzgue por no guardar el decoro y ofrecer una conducta honorable. La posibilidad de alcanzar su plenitud solo puede conseguirla a través de las características de Hyde, lo que a su vez conlleva dejar de lado las buenas virtudes de Jekyll.

El relato de Stevenson nos presenta a un hombre tremendamente humano atormentado por un conflicto interior en el que todos nos hemos encontrado alguna vez: ¿hacer lo qué es correcto, aunque no nos guste, o aquello que nos agrade, aunque no sea bueno? La diferencia, por supuesto, es que Stevenson lleva el conflicto hasta sus máximas consecuencias al conducir al personaje a un punto de no retorno en el que, cuando la parte negativa es la que rige el cuerpo, anula completamente los razonamientos de la positiva; cosa que no sucede a la inversa. Que esto sea así también tiene un sentido moralizante, pues el autor, en cierto modo, nos invita a ignorar nuestro lado malo dejarnos llevar por el bueno, que, aunque a veces más tedioso, también es más fructífero y reconfortante a largo plazo.

Una de las características más destacables de la novela reside en la forma de narrar del autor. A través de un narrador omnisciente ajeno a los personajes, Stevenson nos relata una historia de juicios morales, pero sin embargo no juzga. Deja que nosotros, como lectores, conozcamos unos determinados hechos, incluso lo que piensan los demás personajes que rodean al doctor Jekyll… pero en ningún momento, como narrador, se pronuncia al respecto haciendo juicios de valor. De hecho, una de las cosas más curiosas, a mi juicio, es el final: a lo largo de todo el relato vamos viendo las reacciones y lo que piensan los demás personajes al respecto, sin embargo, justo cuando se desvela la verdad, Stevenson decide no sólo que el narrador de la historia no juzgue los hechos (como sucede desde el principio) sino que tampoco conozcamos el juicio que se hace Utterson con respecto a lo que acaba de averiguar. Es por ello un final doblemente fuerte, puesto que, si anteriormente el juicio del lector con respecto a Jekyll podía verse alterado, ya no por el narrador sino por las valoraciones del resto de personajes, en este momento tan clave de la historia el lector se queda completamente solo para decidir, y lo único que cuenta ya es su opinión, no la de Utterson ni la de ningún otro sujeto de la obra.

La importancia de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde y el hecho de que se haya convertido en un clásico de culto se deben principalmente a la vigencia de su obra, puesto que la dualidad humana es un interrogante que ha existido y existirá siempre en todo ser humano. La relevancia y la acogida de su obra se ve claramente reflejada en las numerosas adaptaciones que han hecho de ella tanto para el cine como para el teatro.

Francamente, es una lástima que Stevenson falleciera a la temprana edad de cuarenta y cuatro años, pues si en el tiempo que vivió pudo escribir obras tan importantes como esta, El señor de Ballantrae, El muerto vivo, o su obra cumbre La isla del tesoro, ¿qué no podría haber escrito de haber vivido más años?